San Juan Bautista

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miércoles, 28 de septiembre de 2016

INDEPENDENCIA Y NACIONALISMO. Antonio Caponnetto - LOS COCODRILOS DEL FOSO

PERSPECTIVA PARA UNA LECTURA CON FRUTOS

Por Dardo Juan Calderón.

La aparición de este último libro de Don Antonio Caponnetto era estrictamente necesaria. El nacionalismo se ha olvidado que hay nuevas generaciones que no tienen la menor idea de qué fue - ¿o es?- el nacionalismo argentino.  Más aún, hay generaciones que están prevenidas contra el rótulo, y contra el nombre del autor que, quieran que no, han pasado a ser casi una misma cosa y ya no sé quién lleva el fardo. También están los prevenidos ante falsificaciones que ha sufrido el nacionalismo, o quizá mejor debo decir, declinaciones de esta corriente hacia el vicio propio que oculta en su natura lo nacional argentino.

    Estas prevenciones y prejuicios contra el nacionalismo no han permitido acercarse a él de una manera serena a las nuevas generaciones, y a la vez, han provocado una respuesta de igual modo. Dicen los franceses “C´est un animal très méchant, quand on l´ataque, il se défend”. Y en efecto, se ha convertido muchas veces en eso, una noble bestia acorralada que gruñe (¡y para muestra basto yo!). ¿Quién puede culparlo? Por otra parte, véanlo como fue y no como fue falsificado, o en las derivas de la carne.

    Es por ello que yo planteo a los jóvenes que creen saber qué es el nacionalismo y que la sola propuesta dispara todas las alertas, que se serenen. No es tan malo, sólo muerde cuando lo patean. Hay un millón de libros pesados y enormes para enterarse. Pero este está justo. Son cuatro horas de lectura rápida y amena en las que el representante vivo (¡ni tanto!) más válido de esta corriente de pensamiento argentino, nos deja, ya llegado a una madurez intelectual y estilística, una síntesis que podríamos denominar, definitiva. No porque toque todos los temas que comprenden esta corriente, ni que los toque con acierto permanente, sino porque los toca como una melodía que ya es suya por reflejo (podríamos decir por virtud, o por vicio si les cuadra). Es el autor el que representa un producto definitivo de esta corriente de pensamiento. Con su luces y sus sombras.

   La obra condensa el pensamiento nacionalista, pero aún más; porque no es una obra que “hable” del nacionalismo, sino que habla “desde” el nacionalismo, porque es una obra “nacionalista” y eso ya casi no existe, siendo que otrora, todo lo que había para leer, era nacionalismo.

    La primer cosa que tenemos que hacer es dejar de fruncir la nariz cada vez que escuchamos la palabra. Pensemos que vamos a dedicar unas horas a comprender una “línea del pensamiento argentino” (me atrevo a decir que la única línea de pensamiento que es típicamente “argentina”) que murió hace cien años, y de un autor que yace en la chacarita desde hace por lo menos cincuenta. Matémoslo sin piedad. Démonos el gusto y saquémonos la bronca. Y ahora mirémoslo desde lejos y con condescendencia. Relax.

  Hace esos cien años (en la realidad son unos cincuenta, pero cien es un buen número para perdonar), todos los católicos de derecha argentinos que pensaban, estudiaban y escribían, eran nacionalistas. Mi viejo era nacionalista, todos sus amigos y colegas lo eran, y yo lo era o lo estaba por ser. No se podía ser otra cosa. No había otra forma de ser católico. Pero esa cosa y esa forma, era bastante especial, porque era “argentina”. Era un pensamiento argentino, acuñado en estos pagos y muy particular, muy propio. Al punto que podemos decir que si alguna vez existió una Argentina que valiera la pena, esa fue el nacionalismo argentino. Y no sé bien cuál es primero, es decir, si la argentina produjo ese pensamiento, o ese pensamiento produjo la posibilidad de que existiera esa Argentina.

   Esa corriente de pensamiento produjo personalidades de primera línea internacional  y puso a la intelectualidad argentina en un sitio que fue inédito en toda Hispanoamérica, y no me sonrojo en afirmar que opacaba la producción europea. No sé si está escrito, pero yo escuché a Guido Soaje decir que la Argentina es el único país de América que produjo Filosofía. Y eso es mucho. Produjo Historia a raudales, literatura de la buena, historia universal, historia de las ideas, teología de alto nivel. Sí, aunque no lo crean y aunque nunca tuvieron poder, tuvieron mucho prestigio.

  Ahora bien, por qué digo que fue “pensamiento argentino” y no el seguimiento de corrientes europeas. Porque así lo fue. Presten atención. Ser nacionalista argentino era ser hispanista, carlista, joseantoniano, maurrasiano, rexista, facho, nazi, rumanista (Codreanu),  romanista, helenista,  y varias cosas más; pero ninguna de ellas. Todo lo que en el mundo había de contrarevolucionario, católico, derecha, y que implicaba un baluarte de la civilización cristiana, era nuestro. Y lo era de una manera especial, porque lo era sin las rencillas de cada uno de sus orígenes. En la Argentina se podía admirar a José Antonio y al Carlismo sin que nadie encontrara una oposición. Porque todo esto era visto desde la Argentina y tomado en su medida correcta de aporte. Si ustedes hoy vieran la biblioteca de mi padre, creerían que era colifato. Tenía un cuadro de Maurrás, uno de José Antonio, otro con el lema Carlista, la Cruz, Monsieur Henry, y pegado a la mesa siempre un Don Segundo y un Martín Fierro que releía, casi tanto como a Dante que recitaba en voz alta (en el idioma original, por supuesto) caminando por el patio (y en los recreos… Dumas).

    Hoy un Carlista tiene problemas con un Falangista, y un hispanista con un nacionalista. Para nosotros esto no existía. ¿Eras carlista? Ahh… ¡de los nuestros! Las diferencias que se daban en sus lares nos importaban un comino. Nosotros habíamos tomado todo lo bueno. Lo que había de “espíritu católico” en cada uno de ellos, y el tanto de espíritu contrarrevolucionario en los otros. Nos daba lo mismo cantar Cara al Sol, Fachita Nera, le Mouchoire de Cholet, Erika o la Marcha de San Lorenzo. Si te escuchaban en cualquiera mientras te duchabas, te reconocían como propio.

   Se aceptaba que en algunas cosas te hicieras más proclive, no había problema. Éramos todos rosistas y más para atrás de eso, de acuerdo en lo principal, se permitía dejar los detalles para los especialistas. El asunto importante era hoy, y era el anticomunismo y antiliberalismo. Las dos cosas eran pecados de la misma monta. ¡Sí! ¡Pecados y de los grandes! (¡Tanto joder ahora!). No quiero hacer nombres, pero si se hiciera una lista de los autores y de las obras que produjo el nacionalismo argentino, del nivel que lograron esas obras y esos autores,  de la inmensa cultura que recopiló y condensó, les firmo ya que en todo el mundo hispano no hubo un fenómeno parecido en cantidad y calidad.

   No creo – pero no soy autoridad – que fuera un movimiento político tanto como una corriente de pensamiento que influía en su medio desde la claridad y consistencia de sus principios, y esto explica que la urgencia de acción irreflexa que ocupa a algunos de los que usurpan el nombre “nacionalismo”, no tenga nada que ver con aquello. No fue peronista, no fue miliquista y ni de casualidad democratista. ¿Republicano o Monárquico? Nostalgias monárquicas, posibilidades republicanas.

  ¿Cómo resumirlo en una palabra? Católico. Pensamiento tradicional. Con una nota argentina que lo hacía particular y reconocible.  Teníamos los mismos curas, cuatro o cinco, y éramos anticlericales (como nuestros curas). Los obispos eran una miseria (¡ahora bien los querríamos para un sínodo ecuménico!). Los hombres de Iglesia eran una lágrima cultural y, salvo esos cuatro o cinco curas a los que aludo, aprendimos el catolicismo en estos hombres y les digo, no había en Europa – seguro en España no y en Francia sí – un catolicismo tan depurado que hubiera formado “escuela”. Cuando el catolicismo francés tambaleaba con Maritain, de estos pagos salía una de las más esclarecidas rectificaciones.

   Todos los colores que hoy se ven, eran uno. Un buen concierto. Me dirán que puestos a la acción política desafinaban. Siempre pasa cuando no hay éxito posible.  ¿Qué nos pasó? Y… nos pasó por encima la Iglesia Conciliar (pero eso lo vemos después).

    Pero volvamos a lo que queremos ir. Miren el fenómeno, este libro lo muestra patente, sin agachadas ni ocultamientos, sin artificios de preparación, así de sopetón. Lo primero que llama la atención es una especie de sorpresa que se resumiría así ¿Qué hago peleando con carlistas, con hispanistas, con “derechistas”, con maurrasianos, o con cualquiera que sea una punta de ese pensamiento tradicional? ¿Desde cuándo estamos en la vereda de enfrente? ¡¿Qué pasa con estos tipos?!  ¡Todo lo que dicen yo lo digo! ¡Igual! Variando el anecdotario, uno en sol y otro en re. Lo que digo es el nacionalismo argentino, que es todo eso mismo y de una manera especial. ¡Es impensable que hayamos perdido de todo eso la perspectiva que el nacionalismo argentino había logrado!

   Me atrevo a arrimar una teoría. Esa síntesis “Argentina” se perdió como motor de una línea de pensamiento (¿culpa también de las Universidades?). Y cada uno fue a buscar su preferencia en el origen y se vino con las diferencias que allí había. Como el cuadro de Don Segundo que miro encima de mi escritorio;  “se fue como quien se desangra”. Viene un hispanista y me escupe “ultrapirenaico” porque me gusta Maurrás, ¡si yo los tenía a los dos en mi corazón! En su justa medida, desde Argentina. ¡¿Qué mierda me importan los pirineos?! Y ahí la soné, resulta que es muy importante que estén los pirineos y otras cosas que son francesas o españolas, y para arriba de los pirineos absolutistas y para abajo el África. ¡Pero no es mi historia! O mejor dicho, sí es mi historia pero no mi anécdota. ¡Soy argentino! Y ahí la embarraste del todo porque la Argentina no existe, ellos vienen a darles, cada uno, una forma que han pensado. Traen una receta. ¡Pero si ya la tuvimos! ¡Y la expresamos con una obra inmensa! Y para mejor, con una obra de una apertura y una capacidad de distinción y desmalezamiento que deberían tener más en cuenta los pensadores tradicionales de Europa (siendo que muchos la han tenido, y más la van teniendo).

   Pero no se asusten, recuerden que nos morimos hacen cien años. Miren el fenómeno: científico, histórico, sociológico, psicológico. Hay un dinosaurio argentino, andaba en las pampas. Sepan lo que fue y lo que hizo, lo que produjo.

   Ese fenómeno tiene cosas buenas y muy buenas, acertadas, menos acertadas, románticas, racionales, filosóficas y teológicas. Tienen una oportunidad de oro de saber qué cornos fue el nacionalismo argentino, porque no sólo está este testimonio, sino que hemos revivido con la raíz del pelo de un bigote nacionalista del que sacamos el ADN, un personaje de aquellos tiempos y lo tenemos tibio. Casi que palpita.

   Caponnetto es el “homo nacionalistences argentinus” congelado. ¡Observen el fenómeno! Lean con ganas y sin buscar pelea. Está frito. Lo tenemos enchufado a un aparato, ya ni patea.

    Lo que contiene el libro es la esencia de ese pensar y sentir argentino, que fue la única expresión puramente argentina que existió y sí, es cierto, si la Argentina no fue nada, si fue sólo un error, esto no es nada, pero si esto es algo, entonces hay un algo que fue la Argentina.

    Y pongo ciertos ejemplos que se dieron con los inmigrantes. El del autor, para comenzar. A una generación del italiano. Imaginen si sus padres o abuelos de él, se hubieran ido a España para la misma época. ¿Sería español y bailaría la jota? No. Estaría añorando su Sicilia. ¿Qué tuvo y que les dio  la Argentina que penetró a estos hombres hasta dejarlos sin nostalgia? Que los convirtió de cuajo y en diez minutos. Mi abuelo concebido en Génova era argentino, y ni se le ocurrió volver a visitar Génova. Ni sus hijos. Lean el libro y vean lo que ese pensamiento hizo de él. Es una curiosidad. Hay allí una fuerza que sopesar, una enorme energía. Hubo una distancia que permitió una visión especial del pensamiento tradicional y que se dio en la Argentina de una forma que no se dio en ningún otro lado.

   La mayor curiosidad. ¿Cómo lograron esa síntesis concertada de todo lo mejor del pensamiento católico europeo y del pensamiento contrarrevolucionario? ¿Cómo entró casi sin las pullas que existieron en sus orígenes? ¿Alguno fue mermado? ¿Alguno fue falseado? ¿Fue un sincretismo forzado que mató los matices? Acepto hipótesis. Desafío que me lo demuestren.

  No me digan que no es divertido. Estos nacionalistas se sentaban con un hispanista y se entendían de perillas, y al rato con un maurrasiano y lo mismo, y ni qué hablar con un falangista, y así con casi todos los que valiera la pena hablar. “Per codere” y por ver un caso; Calderón Bouchet, ¿es afrancesado? ¿es hispanista? Esto se planteaba un español. No, señor. Era argentino. Era un nacionalista argentino.  Se formó en el nacionalismo argentino y miró las cosas desde la Argentina logrando una síntesis que sólo se podía hacer desde Argentina;  y podía ver en Vázquez de Mella lo mejor de lo hispano sin caer en el anecdotario. Y si hay un “pensador argentino”, si esta categoría es posible de establecer,  pues hay una Argentina, una Argentina que pudo parir ese pensador y la discusión es obtusa, porque no se le ocurre al europeo que busca categorías europeas, que es “argentino”, y que eso soluciona el intríngulis con una respuesta que está ante sus narices y que tiene el peso de una obra enorme que generó esa corriente de pensamiento que no miran,  y que andan buscando experimentos sociológicos en Italia, Alemania o Inglaterra. Y todo por un prejuicio.

   ¡Claro que encontraremos emotividades! Tendencias a perdonar ciertas cosas, a hacerse los zonzos con ciertos defectos… “aquel que defectos tenga, disimule los ajenos” decía el Martín Fierro, y lo tenemos entrañado (lo que escandaliza al francés). Estará el amiguismo argento, Cruz y Fierro (lo que repugna al español). ¡Descúbranlas! (Habrá posturas que se defienden por defender la conclusión de un amigo – siempre que el amigo tenga consistencia-  ¡y lo van a hacer y cagüentodos!) No se peleen, ¡búrlense! Díganle… ¡qué argentineada! Y de carambola, verán que aunque sea pa chusco, hay cosas que no se pueden calificar de otra manera. Son argentinas. Claro que son más evidentes en las tendencias emotivas y aún en los defectos que es lo que uno primero mira – o lo único -  pero son igual de evidentes - para el buen lector- en las apreciaciones intelectuales profundas,  valederas y de proyección universal. Están los rencores, también. Vayan con cuidado los peronistas sensibles -acuérdense que está muerto - porque el peronismo también es una de esas características de la “argentinidad”.

   De aquella Argentina gaucha y noble en el siglo veinte se destilaron los vicios por un lado y las virtudes por el otro generando el peronismo y el nacionalismo. Los envases eran bien disímiles en cuanto a cantidad y calidad. Ambos con las “güevadas” argentinas (así me dice la afrancesada de mi mujer, pasando por alto los innumerables aciertos argentinos para hacerme rabiar). Pero el nacionalismo siempre reconoció (sin reconocer) en el peronismo lo peor de sí mismo, y el peronismo (sin reconocer), viceversa. ¡No lo tomen a mal! Fue así. Simplemente vean que esa es una nota del nacionalismo, el nacionalismo siempre verá en el peronismo sus peores tentaciones y le saldrá haciendo la cruz con los dedos, o caerá en ellas reconociendo un tufillo propio.

    En serio. Lean este libro desde esta perspectiva. Yo los voy a acompañar para divertirme y como ejercicio de la nostalgia. Si es necesario los ayudo a asesinar al autor o simplemente si molesta, tapen el nombre con un sintex. Y sepan qué carajos fue el nacionalismo argentino. Después criticamos juntos. Después nos preguntamos si sigue existiendo. Después nos contestamos porqué se murió o no se murió. Si fue bueno o malo. Cuáles fueron los frutos de ese árbol. Y hasta podemos entrar en los detalles (que desde ya aviso, me importan poco en la conclusión y me divierten horrores en la pirotecnia erudita). Pero aprovechen porque aquí lo tienen en estado puro y condensado.

     Yo vi el final de ese fenómeno y soy gramilla de sus orillas, ya no sé si lo sigo siendo, y no lo sé porque no sé si fui yo el que me fui, o si fue la Argentina la que se perdió y me dejó “en pelotas como los indios”. Arriesgo que fue la Iglesia la que nos dejó huérfanos y por aquí, sin sangre ni tiros, quedamos como los Cristeros entregando la fusilería y con cara de pendejos. Pero sé que de allí vengo y el recuerdo es muy grato. ¡Qué tipos que produjimos! Este libro me trajo nostalgias. Es el libro de un argentino. No puede encasillárselo en otra cosa, en otro estilo,  no pueden adivinarse corrientes definidas que provengan de otros lares. Digan que dice algunas “güevadas”, pero verán que son argentinas como lo son sus numerosos aciertos.

    Y si se puede decir que este libro y que este autor son argentinos. Si se puede establecer en él una originalidad que sólo reconoce antecedentes argentinos. Que resulta extraña y a la vez cercana, distinta al fin,  a quienes ven desde afuera. Entonces. ¿Hay algo a lo que podemos llamar la Argentina? Y eso a lo que podemos llamar la Argentina, con sus “güevadas” supongamos, ¿no es noble? ¿no es católico? ¿no está lleno de bien? ¿no es franco? ¿no es piadoso? ¿no es desprendido? ¿no es profundo? ¿no es erudito? … ¡Pero no es perfecto! … Más vale.

    Se está cometiendo un grave error hermenéutico. Se juzgan estas obras desde las corrientes europeas y se ve en ellas que no está “todo” el hispanismo, ni está “todo” el nacionalismo europeo, ni esta “todo” el maurrasianismo… ¡Claro que no están! Está “todo” el nacionalismo argentino. Pero un grave complejo de inferioridad nos dice que esto no puede ser. Nada bueno puede venir de Galilea. Pongámoslo así, que no sea bueno. Pero ES. Y no lo estamos viendo en lo que es, o en lo que fue. Desde adentro, con buena ciencia y paciencia. ¡Oh paradoja! ¿habrá que verlo de lejos?

     Si este País pudo parir esto en una generación, este País algo tenía.

    Se nos ha hecho un lugar común el decir que Perón era la sustancia de la argentinidad guaranga, y es verdad, y ha sido el peronismo nuestra ópera bufa que ha sido interpretada en todos los teatros del mundo. ¿Habrá sido el nacionalismo nuestra sinfonía inconclusa?   Y nos hemos solazado en mofarnos de nosotros mismos con generaciones de traidores, de cipayos, de tilingos y de guarangos, pero queda todavía una “recóndita armonía” que vale la pena escuchar y rescatar.

   Este libro expresa la sustancia de una argentinidad redimida, no sólo en él, en sus citas, en los personajes que trae a la memoria, en el nivel de sus disputas, en la profundidad de sus saberes, en la sinceridad de sus sentimientos, que no son el mérito exclusivo del autor, ni por las tapas, ¡sería imposible! ¿habrá ido a Harvard? ¿o será que resumen toda una línea de pensamiento argentino perfectamente definible como “nacionalismo argentino”? Con aciertos y desaciertos te devuelve una Argentina que se puede amar y admirar, donde hubo un espíritu vivo que fue propio y no producto de una colonia de extranjeros extrañados en un país de negros. ¿Corregir? Pero por supuesto. Y antes que se me convierta en obituario y el fantasma me tire de los pelos, los dejo, con el compromiso de tirios y troyanos de leerlo, tranquilos, buscando este fenómeno “argentino” y comprenderlo. Nada más que eso. No se detengan en las diferencias, pasen rápido. Luego lo hacemos trizas si se presta. Total, está lejos y anda en micro. ¡Ah no!...  ¡Dijimos que íbamos a imaginar que estaba muerto!        





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lunes, 26 de septiembre de 2016

La Fe, más importante que los templos - San Atanasio



     Que Dios os consuele. He sabido que no sólo os entristece mi exilio, sino sobre todo el hecho de que los otros, es decir los arrianos, se han apoderado de los templos por la violencia y entre tanto vosotros habéis sido expulsados de esos lugares. Ellos entonces poseen los templos, vosotros en cambio la tradición de la Fe apostólica. Ellos, consolidados en esos lugares, están en realidad al margen de la verdadera Fe, en cambio vosotros, que estáis excluidos de los templos, permanecéis dentro de esa Fe. Confrontemos pues qué cosa sea más importante, el templo o la Fe, y resultará evidente desde luego, que es más importante la verdadera Fe. Por tanto, ¿quién ha perdido más o quién posee más, el que retiene un lugar, o el que retiene la Fe? El lugar ciertamente es bueno, supuesto que allí se predique la Fe de los Apóstoles, es santo, si allí habita el Santo. Vosotros sois los dichosos que por la Fe permanecéis dentro de la Iglesia, descansáis en los fundamentos de la Fe, y gozáis de la totalidad de la Fe, que permanece inconfusa. Por tradición apostólica ha llegado hasta vosotros, y muy frecuentemente un odio nefasto ha querido desplazarla, pero no ha podido; al contrario, esos mismos contenidos de la Fe, que ellos han querido desplazar, los han destruido a ellos. Es esto en efecto lo que significa afirmar: “Tú eres el Hijo de Dios vivo”. Por tanto, nadie prevalecerá jamás contra vuestra Fe, mis queridos hermanos, y si en algún momento Dios os devolviere los templos, será menester el mismo convencimiento: que la Fe es más importante que los templos.

     Y precisamente una Fe tan viva suple para vosotros por ahora la devolución de los templos. No es que yo hable sin respaldo de la Escritura, por el contrario, os digo con énfasis que os conviene confrontar sus testimonios. Recordad precisamente que el templo era Jerusalén, y que el templo no estaba en el desierto cuando los enemigos lo invadieron. Los invasores venidos de Babilonia habían irrumpido como juicio de Dios, que probaba o que corregía y que, precisamente por medio de estos enemigos ávidos de sangre, imponía castigo a los que lo ignoraban. Los extranjeros, pues, se posesionaron del lugar, pero éstos, en lugar, negaban a Dios. Justamente porque no sólo no tenían respuestas adecuadas, no las proferían, sino que estaban excluidos de la verdad.

     Por tanto ahora también, ¿de qué les sirve los templos? Sí, efectivamente los tienen, pero eso a los ojos de quienes se mantienen fieles a Dios indica que son culpables, porque han hecho cueva de ladrones y casas de negocios, o sitios de disputas vanas lo que antes era un lugar santo, de modo que ahora les pertenece a quienes antes no les era lícito entrar. Muy queridos, por haberlo oído de quienes han llegado hasta aquí, se todo y muchas cosas peores; pero, repito, cuanto mayor es el empeño de éstos por dominar la Iglesia, tanto más están afuera de Ella. Creen estar dentro de la verdad, aunque en realidad están excluidos de ella, prisioneros de otra cosa, mientras la Iglesia, desolada, sufre la devastación de estos supuestos benefactores.


San Atanasio El Grande
Padre y Doctor Mayor de la Iglesia


Patrología Griega, tomo 26, col. 118/90.

Revista Roma – Nº 109. Año XXIII. Abril 1989. Págs. 30-31.



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jueves, 22 de septiembre de 2016

Francisco, tu paz no es la paz de Cristo… - El Denzinger-Bergoglio




Desde España, para el Denzinger-Bergoglio

“La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo” (Jn 14, 27)

“Que el Señor nos dé la paz del corazón, que nos quite todo deseo de avidez, codicia, lucha. ¡No! ¡Paz, paz! Que nuestro corazón sea un corazón de hombre o de mujer de paz. Y más allá de las divisiones de las religiones: ¡todos, todos, todos! Porque todos somos hijos de Dios. Y Dios es el Dios de la paz. No existe un dios de la guerra: el que hace la guerra es el maligno, es el diablo, que quiere matar a todos”. (Homilía Santa Marta, 20 de septiembre de 2016)

Elocuente el contraste entre las suaves palabras de Hijo de Dios y el sermón matutino de Francisco. Erre que erre… pues una de las cosas en común de todos los líderes bolivarianos es la obstinación. No desisten de sus ideales absolutistas. Es la vieja fórmula comunista: todo por el pueblo y para el pueblo… incluso contra el pueblo.

Estamos ya cansados de analizar en el Denzinger-Bergoglio las mil locuras de Francisco. Como todo heterodoxo o demagogo, su repertorio es muy limitado y siempre vuelve a las andadas como un eterno y desafinado organillo de feria. Y esto ya nos cansa… pues las mil actividades parroquiales no nos permiten estar explicando cada afirmación que nos llega del obispo de Roma.

Sin embargo, lo que más nos causa repulsa es lo que viene a llamarse, en un lenguaje corriente, “abusar del dolor de la víctimas” para llevar a cabo planes oscuros de politicastro. Aunque tal actitud sea realmente despreciable, nada frena a Francisco. Uno se llega a preguntar qué haría si no existieran las guerras y el terrorismo… ¿Cómo presentaría su idea de la nueva religión universal? En determinados momentos se levanta indignado para hablar contra los atentados… eso sí, con todo cuidado de no ofender a nadie cuando son musulmanes. En otros momentos, su inercia e indolencia delante de los ataques contra su proprio rebaño escandalizan al mundo entero. Nunca se le oirá decir que existe una relación entre la violencia y el Islam. Jamás. Al contrario, lo defiende como religión santa y revelada con una convicción que seguramente no tuvo un Almanzor. Eso sí, condenará sin tapujos cualquier receta de un obispo verdaderamente católico que sea contraindicada con la famosa “misericordina”. Mano de hierro, por lo tanto, contra los pastores y ovejas que pretendan hacer prevalecer el caduco Magisterio de siempre en cualquier materia, sea familiar, sacramental o dogmática.

Pero esto no lo acompleja, pues se ha auto-erigido en el líder mundial de lo “políticamente correcto” y le bastan los aplausos de determinada prensa enemiga de todo lo verdaderamente católico… Todo debe ser sacrificado en el ara de un plan ecuménico que tiende a fundir todas las religiones en un mismo “poliedro”, bajo la presidencia de un mismo “dios” –no se sabe bien con qué atributos y ni siquiera si es personal– y quién sabe… de un mismo “pontífice”. Seguramente este tipo de “iglesia” no provocará las iras de los gobernantes de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, China o Corea del Norte.

Como maestro de lo políticamente correcto, Francisco hace un uso adulterado de la tan preconizada paz. ¿Qué es la paz para Francisco? No es promover la que nos trajo Cristo… sino una paz enlatada a su gusto, populachera y conforme con las conveniencias políticas del momento, que para ello no les falta experiencia a los líderes populistas bolivarianos. Colocan pasión en sus discursos, impresionando por su aparente autenticidad… gritando en favor de los pobres, los humildes, los perseguidos… ¿Qué es la paz para Francisco? Una paz que no merece ese nombre santo, pues la auténtica paz es la que nos llegó la noche de Navidad por el Príncipe de la Paz. No hay otra. Buscarla entre budistas, musulmanes y judíos es demagogia política de candidato a presidente de la ONU. La “paz de Francisco” es el orden de lo políticamente correcto, donde se oculta a Jesucristo para no ofender a los demás, sin preocuparse de que sea pisoteado el Decálogo.

La “paz de Francisco” es el miedo a reconocer que la única Iglesia verdadera es la fundada por Jesucristo, el Mesías Salvador, hijo de María. La “paz de Francisco” es un estado de cosas en que todos los hombres vivan felices, según la gran fraternidad universal, unidos por unos valores éticos reconocidos por todas las religiones cuya referencia final sea el mismo hombre. La “paz de Francisco” es el mundo donde todos se salvan, sea cual fuere su vida moral, pues la “misericordina” lo arregla todo (menos los “corruptos”, léase “capitalistas”, pecado sin perdón).

La “paz de Francisco” es la religión final de la Humanidad, que después de dos mil años sin rumbo llega al buen camino gracias a Francisco… antes todo era error. La “paz de Francisco” es un mundo donde no importa si eres budista, protestante, judío, musulmán, católico o ateo, pues todos son “hijos de Dios”. ¿Qué Dios es ese? Él que tu quieras creer. ¿Cuál es su ley? Vive y deja vivir. ¿Qué te espera? La felicidad. ¿Qué debes hacer? Distribuir misericordina y no condenar. ¿Quién te garantiza que todo esto es verdad? La sonrisa complaciente y bonachona de Francisco, y su bastón, listo para “misericordiarte” si piensas de modo diferente.

Sigue el camino de Francisco y gozarás una paz ecológica-deportiva en este mundo… y el Infierno en la otra.

Nota para los que todavía son católicos:

¿Qué es la verdadera paz? Ver aquí.

¿Todos son hijos de Dios? Ver aquí.

¿Todos se salvan por igual? Ver aquí.





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lunes, 19 de septiembre de 2016

Marx y la esperanza en la historia – Rubén Calderón Bouchet



  Marx fue un pensador burgués. Mal economista en el sentido riguroso y hasta científico del término, no fue el mejor filósofo, pero tuvo el genio de dar al sentido exclusivamente económico de la vida un soplo de demencia religiosa que desató la esperanza de un cambio total provocado por el paso de los medios de producción de las manos del capitalista a las del pueblo organizado. Esta idea fue sembrada sobre una conciencia de la cual no había desaparecido la esperanza esjatolójica en el Reino de Dios y de una transformación del hombre provocada por el fermento de la gracia divina y la conversión religiosa de la voluntad, pero en cuyas convicciones más profundas había entrado para siempre el culto del trabajo humano y la confianza en una redención puramente antropocéntrica.

  Marx no examinó la actividad económica en su sentido lato, a la luz de la eficacia productiva. En ese orden de reflexiones el capitalismo tiene sobre sus ideas todas las ventajas de la eficiencia y a su favor el peso aplastante de las estadísticas y el mejor standard de vida. Pensó la actividad económica en términos de una fuerza transformadora de la naturaleza y la dotó de un ímpetu soteriológico capaz de provocar el advenimiento de un "hombre nuevo", el producto de un salto cualitativo en la evolución de la especie. Era una idea au jour, nacida de una hipótesis biológica y de un tremendo deseo de que fuera verdadera para terminar con el dogma de la creación de la nada. Marx nunca supo bien qué cosa sería ese hombre socialista, pero el sueño armonizaba con sus ambiciones titánicas y coronaba el esfuerzo dialéctico de Hegel con un porvenir. Por el momento y hasta tanto la realización del socialismo no provocara el paso de la pre-historia presenta a la verdadera historia, la visión de este fin último brotado del abrazo de la economía y el evolucionismo biológico incoaba la esperanza en la historia.

  Tener esperanza en la historia es fundar el sentido de la vida en la huidiza movilidad del tiempo. Personalmente esa esperanza es insostenible, porque supone pasar por encima de la inevitable muerte individual. Puedo esperar más allá de la muerte y podrá discutirse la cordura de semejante esperanza. Pero esperar con el convencimiento de que la muerte tiene la última palabra es indudablemente una esperanza desesperada, o más simplemente una forma bastante complicada de la desesperación.

  El marxismo no habla de esperanzas personales y trata de fundar una suerte de esperanza colectiva. Yo espero por otros, pero no por otros que esperan personalmente eso que yo espero por ellos, sino por otros que todavía no son y de los que a ciencia no sé lo que esperarán, en caso de que esperen algo. Mi esperanza se adhiere a un espejismo que permitirá a las generaciones sucesivas ir sacrificándose una tras otra detrás de una ilusión que la muerte de cada uno apaga de un manotazo.



Rubén Calderón Bouchet – “Esperanza, Historia y Utopía” – Ed. Dictio 1980 – Págs. 187-189.




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domingo, 18 de septiembre de 2016

Luteranos de corazón – Fray Gerundio de Tormes



No sabría describirlos adecuadamente. Me recuerdan a aquellos de los que hablaba el Señor cuando decía que quien miraba a una mujer deseándola, ya había adulterado con ella en su corazón. En aquellos tiempos, todavía no se había publicado la Amoris Laetitia y las cosas eran más estrictas. Bueno, el caso es que cuando yo veo a tantos y tantos mirando con el rabillo del ojo el protestantismo, regodeándose en sus virtudes y maravillas, ensimismándose con la doctrina y personalidad de ese benefactor de la Humanidad que fue Lutero, se me hace fácil la analogía con las palabras del Señor: Ya se hicieron protestantes en su interior, ya se protestantizaron en su corazón. El que mira el luteranismo deseándolo, ya se unió a él en su corazón.

Tenemos entre los miembros de nuestra Jerarquía muchos socios del Club del Embobamiento Luterano. Socios de Honor. Han hecho lo posible y lo imposible por protestantizar la Iglesia en muchas cuestiones graves. Pero han conseguido que en el día a día de los fieles llamados católicos, se haya introducido el protestantismo como quien no quiere la cosa. Sin enterarse. Si ahora mismo hiciéramos una encuesta sencilla, -entre los que nos rodean-, sobre la doctrina católica, nos llevaríamos una sorpresa. Hay muchos luteranos entre los catequistas, ministros sin ordenar y ministros ordenados, monjas sin toca y monjas retocadas. Hasta el pueblo ha llegado el olor a oveja que han diseminado los malos pastores.

Casi se podría decir que entre el pueblo fiel, excepto la devoción a la Virgen que todavía existe en pueblos y villorrios, se suele pensar que lo importante es la fe y las obras sirven de poco, que la Biblia la puede interpretar cada uno a su antojo, que la Iglesia católica no es la única verdadera, que los sacerdotes son meros representantes de los laicos, que la Misa es una Cena, que la Eucaristía es un símbolo de Cristo pero nada más,  que los curas y frailes estarían mejor casados, etc, etc.

Estas gentes han sido adoctrinadas durante los últimos cincuenta años por teólogos, párrocos y jerarcas que ya no creían en las verdades católicas y habían llegado a ser protestantes de corazón. Recuerdo a un fraile compañero mío que comenzó a explicar a los novicios la Historia de la Reforma y fue avanzando con tanto brío, que al final él mismo se reformó y se hizo protestante contra todo lo que oliera a doctrina católica.

Si el problema lo podemos ilustrar desde abajo, no hablemos de lo que tenemos arriba. Ya he dicho que los doctores y teólogos fueron los primeros en cabeza. Aunque -todo hay que decirlo-, hubo también quienes se negaron a seguir semejante locura. Pero hemos tenido que sufrir en los cincuenta años precedentes gran cantidad de lobos rapaces que andaban encandilados con Lutero. Y ahora son multitud. Desde aquel Cardenal Bea (jesuíta por cierto), con su decreto de ecumenismo vaticanosegundista hasta los cardenales actuales, joyas del embobamiento por Lutero y sus hijos espirituales, hay sólo un paso. Y si Juan Pablo II besó el Corán, pues entonces a los escritos de Lutero habrá que incensarlos con toda solemnidad, digo yo. Koch, Schöborn, Marx y muchos otros capelos germánicos, han arrastrado también a capelos anglosajones, yanquis y mediterráneos por esta vía maravillosa del ecumenismo memo, que es ese ecumenismo que consigue que los propios se pasen al bando contrario, tras escuchar una predicación en la que se ensalza el bando contrario.

En estos días lúcidos que vivimos, tenemos el impulso de Francisco como carnet de pedigrí del encantamiento por Lutero. Próximamente se celebrará el 500 aniversario de la división y destrucción de la Cristiandad. Se celebrará ensalzando y ponderando las virtudes de quien la hizo posible. Y muchos católicos tan campantes. Y muchos obispos, tan encantados de la vida. Y Francisco, a Suecia. Merece la pena un viaje para honrar y festejar a uno de los mayores ultrajadores, insolentes, profanadores, deslenguados y despotricadores contra la Santa Madre Iglesia. Destructor de los Sacramentos y de la Santa Misa.

Para Francisco, Lutero fue un hombre bueno. Un reformador de las malas costumbres de aquellos papas renacentistas totalitarios que no gobernaban sinodalmente como se hace ahora (ejem). Aquella Roma corrupta, y no la Roma de ahora (ejem). En la que se vendían las indulgencias, no como ahora en la que se venden las nulidades matrimoniales (ejem).

Habría para escribir un libro. Ya comenté algo cuando se dio la magna noticia. Eso era en aquel lejano enero de 2016. Mucho ha llovido desde entonces, en este Pontificado tan lleno de sorpresas. No se canonizará oficialmente a Lutero en Lund, pero se ejemplificará la Reforma Luterana como algo necesario y bueno para la Cristiandad. Pobre Jorge Bergoglio cuando tenga que explicar esto en algunos Tribunales de los que nadie se puede burlar. Y pobrecitos los luteranos de corazón que le acompañan en la Comparsa Herética. Lucharemos por la paz juntos, venceremos a la pobreza juntos, y haremos desaparecer el catolicismo juntos.

Menos mal que después, llegará Nuestro Señor.





                                                                                      

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

jueves, 15 de septiembre de 2016

9/11: 15 años de una mentira transparente - Paul Craig Roberts



  Hay muchas teorías conspirativas respecto de los atentados del 9/11. La propia explicación del gobierno de Estados Unidos sobre el 9/11, es una teoría conspirativa en la que unos pocos árabes saudíes lograron burlar los controles de la Agencia nacional de seguridad del Estado norteamericano. Hay muy poca duda de que muchas de las teorías de la conspiración más imaginativas fueron creadas con el propósito de estigmatizar (y acorralar, NT) cualquier escepticismo no importa qué tan bien razonado y sustentado se encuentre, respecto a la verdad oficial.

  Cuando se piensa en 9/11, es importante diferenciar la opinión de expertos de las explicaciones improbables.

  Entre las opiniones de expertos están las de 2.600 ingenieros estructurales y arquitectos de reputación, que formaron los “Arquitectos e Ingenieros por la verdad sobre el 9/11” y han escrito al Congreso pidiendo una investigación verídica, “Bomberos por la verdad del 9/11”, “Pilotos por la verdad del 9/11” y asociaciones similares de físicos y químicos que analizaron los restos del polvo de las Torres Gemelas los cuales informan del hallazgo de materiales cuyos comportamientos son típicos en los utilizados en demoliciones controladas, y ex funcionarios del gobierno que comprenden que una falla de seguridad tan grande como la del 11 de septiembre habría producido y exigido una investigación profunda e inmediata.

  Estos grupos de personas calificadas y con experiencia afirman que la historia oficial del 9/11 es falsa. Arquitectos, ingenieros y científicos sostienen que la historia oficial es técnicamente imposible. Los bomberos y el personal de mantenimiento de las Torres Gemelas dicen que hubo numerosas explosiones dentro de las torres y que las primeras explosiones fueron en los sub-sótanos antes que los edificios sean impactados por los aviones. Experimentados pilotos militares y civiles dicen que las maniobras de las aeronaves están más allá de la capacidad de los presuntos secuestradores. Tanto el co-presidente de la Comisión del 9/11 y su asesor legal han escrito libros en los que han dicho que se le ha ocultado información a la Comisión, que el gobierno de Estados Unidos mintió a la misma Comisión, y que la Comisión se creó para fallar (en sus labores. NT)

  En otras palabras, la firme evidencia, claramente no es compatible con la versión oficial.

  Sabemos que la historia oficial es falsa. No sabemos quién es el responsable o cual fue el propósito que se pretendió con el evento. Sin embargo, la evidencia circunstancial apoya firmemente la sospecha hacia los neoconservadores cuya alta posición en el gobierno les habría permitido tener éxito con un ataque de bandera falsa y retrasar y desviar cualquier investigación hasta que la historia oficial termine siendo grabada en la piedra. También sabemos por los “bailarines israelíes” que elementos del gobierno israelí sabían anticipadamente del ataque y dispusieron agentes israelíes listos para filmar la destrucción de las Torres Gemelas.


  Según documentos de doctrina neoconservadora escritos en la década de 1990, se reclamó un nuevo Pearl Harbor con el fin de lanzar las guerras de Washington por la hegemonía, empezando por Medio-Oriente. Estos documentos doctrinarios señalan ataques a Irak, Siria, Irán, Libia antes del evento del 9/11. Ninguno de estos países tuvieron nada que ver con la historia oficial del 9/11 que culpa a Osama bin Laden de Al Qaeda; grupo yihadista establecido por Washington en la década de 1970 para resistir la ocupación soviética de Afganistán.

  Ninguno de estos países tenía gobiernos yihadistas. Irán tiene una forma moderada de ley islámica, pero Saddam Hussein en Irak y Assad en Siria dirigían gobiernos seculares. Sin embargo, los neoconservadores reclamaron falsamente que Saddam Hussein tenía “conexiones con Al-Qaeda”. Esta mentira y la mentira de que Irak tenía armas de destrucción masiva que amenazaban los EE.UU. fueron usadas para invadir Irak (y de paso desestabilizar el Medio Oriente y el Levante. NT) bajo los ataques del 9/11. A continuación, la justificación de las invasiones cambió. La excusa del 9/11 desapareció, y la “guerra contra el terror” y para “llevar la democracia” tomó su lugar.

  Desde mi cuarto de siglo en Washington, es claro para mí que si un evento como el 9/11 en realidad habría sucedido según la versión oficial, la Casa Blanca, el Congreso y los medios de comunicación habrían pedido a gritos una explicación sobre cómo unos cuantos árabes pudieron engañar cuatro veces en una hora, en el mismo día, a la totalidad de las agencias de seguridad de EE.UU., las agencias de seguridad en Washington de los aliados de la OTAN e Israel, el Consejo Nacional de Seguridad, el control de tráfico aéreo y de seguridad del aeropuerto. En cambio, el gobierno se negó a realizar cualquier investigación durante un año hasta que la mayor parte de la evidencia fue destruida. Que unos pocos árabes hayan derrotado a la seguridad nacional de EE.UU. sería la más grande humillación jamás infligida a una superpotencia, pero nadie se hace responsable. Esto me dice que el 9/11 fue un crimen de Estado contra la democracia.

  El 9/11 fue utilizado por el gobierno de Estados Unidos para lanzar las guerras que han destruido total o parcialmente siete países, matando a millones de personas y que producen millones de refugiados. El 9/11 también se utilizó para crear un estado policial estadounidense, que es una amenaza mucho mayor para la libertad y la democracia que el terrorismo musulmán.



Traducción: Mike Oscar


  Nota de NCSJB: Si bien entendemos que Paul Craig Roberts, como político conservador norteamericano considere a los atentados del 9/11 como un ataque a la “democracia”, verdadera causante de éstas tragedias; sin embargo, al haber sido funcionario del Tesoro durante la Administración Reagan, es un testimonio que vale la pena tenerse en cuenta.



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 13 de septiembre de 2016

Tentaciones de Cristo y la Iglesia (repost) – Por Leonardo Castellani




  De las Tentaciones de Cristo hay mucho que hablar; pero seamos breves y notemos
tres puntos principales: el Tentador, el Tentado y nosotros.


  El espíritu maligno no sabía seguro si Cristo era el Mesías, ni mucho menos si era Dios o no. Parece increíble, con el talento que tiene el diablo, y conociendo las profecías mesiánicas mejor que cualquier rabino, que no sacara la conclusión que tantos hombres sacaron. Pero es así, basta leer los Evangelios; además San Pablo dice expresamente que el diablo no hubiera crucificado –por medio de los judíos– a Cristo, si hubiese sabido que era el Hijo de Dios (I Cor II, 8).

  Que un Dios se haga hombre es un Misterio Absoluto; es como si dijéramos un Absurdo: no cabe en ninguna cabeza creada. Eso no se puede conocer y saber si no es mediante un acto de fe sobrenatural, un acto que es imposible sin la gracia de Dios; la cual el diablo no tiene. La ciencia no basta para alcanzar la fe; es necesaria también la buena voluntad, de que el diablo carece.

  Por eso el fin del Tentador fue, como aparece claramente, no sólo hacer pecar a Cristo sino también sacarse él esa duda; lo cual no consiguió: “Si eres Hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en pan.” Pero hay que reconocerle al diablo que su atrevimiento es infinito: es un sinvergüenza, porque no tiene ya nada que perder. ¡Sospechando que Cristo era una persona divina, haberlo sin embargo agarrado y llevado al Campanario! “¡Qué miedo tendría el maldito –dice Santa Teresa– mientras iba volando!”... Pero en realidad no sabemos si fue volando.

  El diablo tiene un poder grandísimo –eso muestra este evangelio– y por otra parte es un poder vano, porque se puede vencer “de palabra”, con la palabra Dios.

  Gran encomio de la Escritura Sagrada hay en este evangelio: Cristo vence las Tres Tentaciones con el arma de la Escritura. Pero el poder del diablo es tremendo en los que están desarmados. Cuando le dijo a Cristo: “'Todo esto es mío y a quien yo quiera se lo doy”, mostrándole los Reinos de la Tierra –en la política se puede decir que el diablo no tiene rival– Cristo no le respondió: “¡Mentiroso! Todo esto es de Dios, no tuyo”; no se metió a discutir con él, porque en algún sentido todo eso es, en efecto, del diantre; en el sentido de que hoy día, por nuestros pecados, él mangonea todo. El es el Fuerte Armado, es la Potencia de las Tinieblas, es el Príncipe de este Mundo, como lo designó Cristo en otros lugares. Es probable que Satán de nacimiento haya sido el Arcángel que estaba predestinado al manejo y control del mundo material; o por lo menos, de este planeta; y por haber pecado, no perdió ese poder connatural para con el pobre “planeta mudo” . Pero todo poder de Dios es.

  Eso que llamaban nuestros mayores “vender el alma al diablo” es posible: es la operación que se propuso a Cristo en la Tercera Tentación. Cuando en este mundo a un malvado le va bien incesantemente, se trata un demoníaco; a los inicuos comunes, la moral los castiga a corto plazo. Si Dios no se lo impide, el diablo puede hacer cosas rarísimas con los hombres; y eso yo lo sé por los libros; pero si yo dijera que lo sé solamente por los libros, mentiría.

  ¿Por qué tentó a Cristo con esas cosas raras? Con la Bobobrígida o algunas de las otras animalitas de Dios que nos hacen el honor de divertir a la plebe porteña; con la llave del Banco Central; o con las urnas llenas de votos en el Congreso, yo lo tiento a cualquiera. Pero ¿con piedras, con vuelos sin motor, con promesas fantásticas de imperios universales?...

  El diablo sabía que Cristo era un varón religioso –lo había visto prepararse para su misión religiosa con el ayuno de Moisés, lo había visto arder como una gran fogata en oración continua–; y lo tentó como a un hombre religioso: en el plano religioso, no en el plano carnal. Una nota del Evangelio traducido por Straubinger dice: “la primera fue una tentación de sensualidad”... Es un error. Las tres fueron tentaciones de soberbia. El diablo tienta de soberbia, no de sensualidad, a los que hacen Cuaresmas tan rigurosas como Cristo.

  El diablo es la mona de Dios, puesto que querer ser como Dios fue su caída y es su constante manía. El diablo tienta prometiendo o dando las cosas de Dios: lo mismo que Dios nos ha de dar si tenemos espero y fidelidad: Cristo podía procurarse pan con esperar un poco –“y los ángeles se lo sirvieron”– sin necesidad de un milagro. El diablo nos empuja, nos precipita, es la espuela del mundo: nos invita a anticipar, a desflorar, a llegar antes. A los primeros hombres les dijo: “Seréis como dioses” que es efectivamente lo que Dios se propuso hacer y hace, por medio de la adopción divina (la gracia elevante) y la visión beatífica, con el hombre. “Entonces seremos como El, porque le veremos como Él es”, dice San Juan. Eva pecó porque codició una anticipación de la visión divina. No podemos ser tentados sino de acuerdo a nuestro natural.

  Así pues a Jesús lo tentó de acuerdo a su natural con lo mismo que Él había de lograr un día: Cristo había de convertir las piedras de la gentilidad en el pan de su Cuerpo Místico, conforme a aquello: “Creéis vosotros que de estas piedras no puedo yo sacar hijos de Abraham?”. Cristo había de volar visiblemente a los cielos delante de sus apóstoles y unos quinientos discípulos. Finalmente, Cristo algún día ha de ser Rey Universal del mundo entero, como lo es desde ya en derecho y esperanza.

  El diablo está hoy día tentando a la Humanidad con un Reino Universal obtenido sin Cristo con las solas fuerzas del hombre. Todo ese gran movimiento del mundo de hoy (la ONU, la UNESCO, la Unión de las Iglesias Protestantes, los Grandes Imperialismos, las promesas de “mil años de paz” por parte de los Conductores) representa esa aspiración irrestrañable de la Humanidad al Milenio, a su unidad natural y pacífica, a su integración como Género Humano.

  Es inútil oponerse a esa aspiración actualísima –se equivocan los ultra-nacionalistas– porque es un anhelo que está en las entrañas de la evolución histórica del mundo, como que es una promesa divina. Pero el diablo quiere llegar antes. Los cristianos sabemos que esto vendrá, pero que sólo puede venir con y por Cristo; y que esta manera como se está haciendo ahora, no podemos aceptarla, porque es la vasta preparación del Anticristo. “Si esto es servir a la patria, a mí no me gusta el cómo.” De manera que aparecemos como impotentes por un lado; como atrasados y reaccionarios por otro. Paciencia.

  La Iglesia hoy día aparece en plena crisis; no puede conseguir la paz de los pueblos, la necesidad más urgente del mundo, está contusionada dentro de sí misma; no hace más que tomar medidas y actitudes aparentemente negativas: Syllabus, Juramento antimodernístico, prohibo esto, prohibo lo otro. No está a la cabeza de la “civilización” como en otros tiempos, no hace más que tirar hacia atrás: es que la “civilización” ha entrado por un mal camino; por el de la Torre de Babel. Camino satánico.

  “Todo esto es mío y lo doy a quien yo quiero; todo esto te daré si cayendo a mis pies me adorares.”

  Un hombre algún día aceptará este trato. No sé qué día…

  No es necesario saber mucho griego ni latín para predecir que la Iglesia será tentada, si Cristo fue tentado; y lo será con las mismas tentaciones de Cristo.

  Podríamos decir quizá que en la Edad Media fue la primera, en el Renacimiento la segunda y ahora la tercera tentación. Así para entendernos; aunque las tres funcionan juntas, mirándolo bien.

  La primera tentación es ésta: por medio de lo religioso procurarse cosas materiales –como si dijéramos cambiar milagros por pan– la cual puede llegar a un extremo que se llama simonía, o venta de lo sagrado. Pero los curas también tienen que comer y la Iglesia necesita bienes. Yo no niego que la Iglesia necesita bienes, lo que yo sé es que hay una rayita finita, pasada la cual los “bienes” se convierten en males. De modo que el efecto más bien viene a ser tomar el pan y convertirlo en piedra; milagro al revés; como por ejemplo hacer grandes templos de piedra donde falta el pan de la palabra divina, “de la cual, como del pan, vive el hombre”, contestó Cristo a Satán.

  La segunda tentación es por medio de la religión procurarse prestigio, poder, pomposidades y “la gloria que dan los hombres”. Y también es verdad que la Iglesia necesita buen nombre, porque una de las notas distintivas de la verdadera religión es que sea santa. Y así uno de los principales argumentos de San Agustín contra los herejes y paganos eran las admirables “costumbres” de la Iglesia primitiva contrapuestas a las malas costumbres de ellos. Véanse sus libros: De Civitate Dei, De Moribus Ecclesiae, De Moribus Manichoeorum...

  Pero una cosa es que los demás lo prediquen a uno santo; y otra, predicarse a sí mismo. Días pasados oí a un predicador que se mandó una alabanza de la orden a que él pertenecía, que tembló el Campanario de la Iglesia (o sea el Pináculo del Templo); y no pude menos que pensar: “Esto sería mejor que lo dijese el pueblo”.

  La tercera tentación es desembozadamente satánica; postrarse ante el diablo a fin de dominar al mundo. ¿Puede la Iglesia ser tentada así? La Iglesia no es más que Cristo. La crueldad, por ejemplo, es demoniaca. Lo santo y lo demoníaco son contrarios y por tanto están en el mismo plano; y la corrupción de lo mejor, es la peor. Hablando de Savonarola, el cardenal Newman dijo:“La Iglesia no puede ser reformada por la desobediencia...”, y su interlocutor le contestó: “Mucho menos por la crueldad, mi caro Cardenal”. El Asceta puede ser tentado de dureza de corazón, de inhumanidad, de crueldad. “Mi hija se ha vuelto cruel como el avestruz”, dice Dios por el Profeta.

  Ésta es la última tentación, de la cual Dios me libre y guarde; y sobre todo, que Dios libre y guarde a los otros. Como dijo el jachalero Ramón Ibarra cuando se peleó a cuchillo con Dionisio Mendoza y lo querían sujetar: “¡Asujetelón! ¡Asujetelón! ¡Asujetelón al otro! ¡Que yo, mal que bien, me asujeto solo!”.


LEONARDO CASTELLANI – “El Evangelio de Jesucristo” Domingo 1° de Cuaresma – 1957




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